sábado, 19 de mayo de 2012
Espera eterna
Al levantar todos la mirada ven al
profesor, con su pelo crespo característico y su buso de lana usual.
Les dice a todos que se hagan en parejas y que distancien las sillas,
empieza a repartir las hojas que definirán el futuro para muchos y
en unos segundos los lapices empiezan a escribir.
La tensión en el aire es más evidente
que nunca. Cada estudiante se encuentra sentado es su silla con sus
apuntes y su cuaderno afuera, intentando hacer que su cerebro retenga
más información de la que puede. Las frentes de algunos jóvenes
parecen cataratas de sudor y el sonido que hacen los dientes al
chocar con las uñas, se vuelve ensordecedor, comparable con el
sonido que hace un taladro. Las baldosas se encuentran frías como
una noche de invierno y el ruido que hace cada paso retumba sobre las
paredes. Cada vez que entra una nueva persona al salón todas las
cabezas se levantan de la piscina de letras que se encuentra en su
escritorio y al ver un rostro joven, igual de nervioso, vuelven a
bajar la mirada decepcionados pero a la vez aliviados de tener más
tiempo para estudiar o de cierta forma embutir información en el
último momento. El tablero que hay al frente del grupo de
aproximadamente 30 sillas, de las cuales están ocupadas 20, tiene un
apunte que dice que la clase del profesor anterior ha sido cancelada.
Muchos estudiantes probablemente desearían que ese mensaje fuera
dirigido a ellos. Las ventanas que están en el lado izquierdo del
salón, las cuales están formadas por la unión de varios
rectángulos pequeños de vidrio, sirven como un tipo de barrera
contra los estudiantes que están afuera, descansando, sin presiones.
De repente, hay un susurro que dice “llegó” y este hace que
todos levanten su mirada desesperada para verlo, por fin, a él.
El objeto del lenguaje
Se
dice que el objeto del
lenguaje es comprender el mundo y contenerlo en el discurso.
Queriendo
decir esto, tal vez, que el objetivo principal del lenguaje es
entender el mundo y todo lo que lo conforma para así expresar
aquello a través del discurso, principalmente, oral.
Esta
premisa resalta la importancia del lenguaje en la vida del ser humano
y resalta también la importancia de la oralidad como medio para
expresar todo lo que es la realidad de un ser humano.
Cuando
hablamos de expresar lo que es la realidad de una sola persona o,
basándonos en esta premisa, la de un mundo entero, el mecanismo que
tiene la capacidad de lograrlo, el lenguaje, tiene ciertamente una
magnitud inigualable, un poder asombroso, único. Podríamos pensar
entonces en el lenguaje como una herramienta para el hombre pero en
realidad estaríamos en lo incorrecto pues basándonos en lo escrito
por el filósofo alemán Hans Georg Gadamer: “El
lenguaje no es
un medio ni una herramienta. Porque la herramienta implica
esencialmente que dominamos su uso, es decir, la tomamos en la mano y
la dejamos una
vez que ha
ejecutado su servicio.” Esto es exactamente lo que nos pasa con el
lenguaje, no lo podemos considerar un simple medio o herramienta para
comunicarnos o transmitir ideas pues la herramienta cuando la dejamos
de usar, la hacemos a un lado. El lenguaje, en cambio, nunca lo
podemos dejar a un lado pues “El
conocimiento de nosotros mismos y del mundo implica siempre el
lenguaje (…) Aprender a hablar no significa utilizar
un
instrumento ya existente para clasificar ese mundo familiar y
conocido, sino que significa la adquisición de la familiaridad y
conocimiento
del mundo mismo tal como nos sale al
encuentro”
dice Gadamer. El mundo está contenido en el lenguaje, sea el tipo de
lenguaje que sea.
Para
entender mejor el sentido de la premisa se puede descomponer de forma
que cada concepto significante dentro de esta pueda ser analizado.
Hablar de el
objeto
de algo es hablar de su razón de ser, del motivo de su existencia,
de su objetivo, en este caso, en el mundo. Cuando nos referimos a
lenguaje
hacemos
referencia a “un conjunto de signos, tanto orales como escritos,
que a través de su significado y su relación permiten la expresión
y la comunicación humana.”1
esta definición, aunque bastante acertada en cuanto a lo teórico,
no expresa suficientemente bien la gran importancia de este elemento,
lo que dice Martin Heidegger lo expresa
mejor “Sólo hay mundo donde hay lenguaje.” esa es la magnitud de
su valor. Ahora bien, a comprender
se le pueden dar varias interpretaciones pero la que yo considero más
acertada es aquella que se da basada en el concepto de enseñanza
para la comprensión de Howard Gardner “Comprensión es ser capaz
de llevar a cabo una serie de acciones o "desempeños" que
demuestran que uno ha captado un tópico y que al mismo tiempo se
progresa en el mismo. Es ser capaz de tomar el conocimiento y
utilizarlo en formas diferentes.”2
Pero en este caso no estamos hablando de un simple concepto, estamos
hablando del mundo,
algo mucho más complejo de describir y comprender, y probablemente
el hombre nunca lo haga completamente, pero el porcentaje que nuestra
especie sí logre comprender podrá ser expresado a través del
lenguaje. Este, definido según wikipedia,
es “El nombre común que se le da a la civilización
humana,
específicamente a la experiencia
humana,
la historia
o
la condición
humana en
general, global,
por ejemplo en cualquier parte de la Tierra.”3
Luego, se nombra el verbo contenerlo
que, al estar hablando del mundo, es un poco complicado de contener
que es: incluir una cosa dentro de otra. Pero, con el último término
que hace parte de la premisa, se entiende que la dificultad de
incluir el mundo dentro de algo más, disminuye. Pasa esto por la
proporción de la importancia del discurso.
El discurso oral es un acto de habla por el cual un individuo expresa
una idea, un pensamiento o una opinión y esta habilidad ha permitido
al hombre expresarse usando sus cuerdas vocales. También es
interesante analizar los descubrimientos relativamente recientes del
manejo que le podemos dar a nuestra voz alterando su tono, volumen y
el ritmo que usamos al pronunciar las palabras y lo mucho podemos
transmitir gracias a estas alteraciones en ocasiones intencionales.
Llegamos
a la conclusión de que es difícil pensar en un tiempo donde nuestra
especie no utilizara el lenguaje ya que este siempre ha existido y a
ido evolucionando a través de la historia junto con nosotros. Este
es ya parte de los seres humanos y nosotros somos parte del lenguaje.
Y Gadamer no lo pudo haber dicho mejor: “El
lenguaje es
así el verdadero centro del ser humano si se contempla
en el ámbito que sólo él
llena: el ámbito de la convivencia humana,
el ámbito del entendimiento, del consenso siempre mayor, que
es tan
imprescindible
para
la
vida humana como el aire que respiramos.”
Presencia en la ausencia
Cuando Barthes, el autor del libro “La
cámara lúcida” veía las fotos de su madre muerta, él decía que
estaba “buscando la verdad del rostro que yo había amado.”
Basándose en esa frase, se puede encontrar uno con la posibilidad de
encontrar en una sola fotografía la esencia de una persona, sin
creer que en esa fotografía se encuentra, junto con su esencia, el
alma de ese ser, como se creía antes. Analizando esta posibilidad,
el deseo de encontrar la esencia de un ser querido que ya ha muerto,
florece en mí.
Así que, después de una gran
búsqueda, siento que algo me punza, me chuza, me llega realmente,
encuentro el punctum, y con él, la foto que tanto quería
encontrar. Barthes utiliza un lenguaje técnico que se le puede
aplicar a las fotos. Utilizando este lenguaje técnico encuentro en
la foto también el spectrum, el personaje principal de la
foto que, mirando detrás del sentido de la palabra, sí termina
siendo un fantasma. Y, finalmente, encuentro el noesis de la
foto. El autor define el noesis como
la percepción individual que tiene cada spectator, quien
observa la foto, al
ver una foto específica. Termina siendo este, la sonrisa
transparente de mi tía.
Tantos
elementos físicos ponen la foto en un contexto según mis
conocimientos sobre ella, su condición en ese momento y mis
recuerdos de lo que fue. Y contiene esta foto, el noema
exacto de la fotografía en general que menciona Barthes, “Esto ha
sido.” Ella, efectivamente, ha sido, y, como decía este autor de
la foto de su madre, está condenada a un futuro, está condenada a
morir, “Ella ha muerto y ella va a morir.” Barthes dice que el
mostrar esa foto de su madre de la cual tanto habla no valdría la
pena mostrársela a sus lectores. No tanto porque la foto no está
perfectamente compuesta ni es de un fotógrafo reconocido, sino
porque esa tiene un significado especial para él sólo por la
historia que hay detrás de esa fotografía que sólo él puede ver,
el “objeto” de esa foto es mucho más que sólo eso, contiene la
esencia de su ser querido a través de unos ojos claro que esta
conservó el resto de su existencia. Que no sólo representaban su
objeto físico de ojos para ver, sino que representaban su ser y lo
que ella fue y, gracias a esa foto, sigue siendo.
A
partir de eso, entonces, me doy cuenta de que mi tía sigue siendo,
gracias a la fotografía que capturó en ese momento específico, esa
sonrisa, aquella sonrisa que conserva su esencia. Tal vez, desde lo
que dice Barthes, la persona que ella fue en esa foto murió en el
instante que esta fue tomada, pero la esencia que conservó siempre,
se evidencia claramente en la foto.
La
protagonista de la foto, el spectrum, es
mi tía, Natalia Restrepo. Detrás de aquella sonrisa hay bastante
dolor oculto, causado por su enfermedad terminal, cáncer. Ese dolor,
no necesariamente todo físico, dolor por dejar a su familia, a su
esposo sin esposa, a sus cuatro niños sin mamá, por tener que dejar
el mundo sin tener la oportunidad de presenciar la graduación de sus
hijos, sin conocer a ninguno de sus nietos, por tener que dejar en
cada persona, y en el mundo, tan sólo una huella. Su meta, toda su
vida, fue ayudar a los demás, el sentido de esta era poder ayudar en
algo, así fuera mínimo, a cada persona que conociera. Todo quien
tuvo el honor de conocerla la recuerda como un ser humano, sincero,
humilde, transparente, siempre dispuesta a ayudar. Y a pesar de su
condición, sus últimos meses los dedicó a ayudar a otros, a
sembrar su semilla de amor y de compromiso en el mundo.
Su vida y su
experiencia, es un ejemplo de vida, fue, y aún es, un ser digno de
admirar. Por eso, su foto me “rayó el corazón” y el encontrarme
de nuevo con su sonrisa constante, encontré su esencia, la encontré
a ella y, en ese momento, fui feliz.
Intención generosa
Al salir, al
despedirse del portero, este no las miró de reojo como lo hizo
cuando entraron por primera vez al edificio. Esta vez, fue bastante
amable y su sonrisa de oreja a oreja demostraba cuán agradecido se
encontraba con ellas.
La mañana era fría
cuando se bajaron del bus aquel viernes. El ajetreo de la gente era
notable en el ambiente. Los pitos de los vehículos y la velocidad de
aquellas personas que caminaban por el Centro de la ciudad reflejaban
el frenesí constante en el cual viven todos hoy en día. Para llegar
a el edificio que les había descrito hace unos minutos el conductor
del bus era necesario atravesar la calle. Con la cantidad de carros
en ese momento era difícil hacerlo pero después de esperar unos
segundos la joven y su madre lograron llegar a su lugar de destino.
El Centro Colombo
Americano es uno de los espacios culturales más importantes de la
ciudad ya que allí se mezcla el aprendizaje de las lenguas
extranjeras con el arte, la literatura, la gastronomía y el buen
cine. La joven tenía como objetivo solo dar un pequeño recorrido
por el lugar ya que lastimosamente la programación del festival
Eurocine empezaba solo hasta las cuatro de la tarde. Cuando llegaron
al edificio la primera impresión que le dio este a la muchacha fue
de frialdad. A simple vista parecía un gran bloque de cemento con
unos cuantos detalles azules. El nombre del centro se mostraba
imponente en un nivel alto pero visible de la obra. Los carteles de
las películas que se mostraban le agregaban a este un poco de color
y daban la pista a quienes pasaban por ahí de que allí querían
darle a las personas un descanso de los afanes de la cotidianidad.
Al entrar al
edificio, un guarda alto, delgado, moreno y con aspecto de fatigado
las paró preguntándoles de una forma bastante tosca para dónde se
dirigían. La madre de la niña dio el nombre de su amiga a quien
iban a pasar a saludar y el guardia, aunque un poco reacio a hacerlo,
las dejó pasar. -¿Qué crees que le pasó?- le preguntó Andrea a
su madre mientras caminaban hacia el ascensor. - Ni idea, pero de
pronto ahorita podríamos hablar con él. Quién sabe que le podamos
ayudar en algo- respondió ella. -Tienes razón, -dijo Andrea- no
perdemos nada preguntándole, ojalá lo podamos ayudar.
Por estar pensando
en el guarda la joven no había logrado percibir el ambiente en el
que se encontraban. Al bajarse del elevador metálico se sintió de
repente rodeada de hambre, hambre de conocimiento, de cultura, de
saber. El aspecto gris y oscuro que se percibía desde afuera era
contradictorio al entorno que era observado adentro. Las paredes
cubiertas de fotos y de dibujos hechos por los estudiantes del centro
le daban un toque amable, de bienvenida, exponiendo de cierta forma
el color que agregaban sus estudiantes a sus paredes vacías.
Mientras Gloria, su
madre, saludaba a su amiga Luisa, Andrea recorría los corredores y
los espacios del Colombo intentando observar cada detalle del lugar.
Sus ojos veían pasar ante ellos corredores y espacios grises, unas
cuantas paredes pálidas, sin arte, que emitían la sensación que
emite una nevera al ser abierta en una noche fría. Pero después
llegaban personas de distintos aspectos que con sus sonrisas y ganas
de aprender devolvían la calidez al lugar. Aunque su sentido de la
vista estaba a la expectativa de una situación lo suficiente
interesante para poner en su escrito, su mente no dejaba de pensar en
el evidente cansancio de aquel hombre que les había abierto la
puerta hace unos minutos.
Andrea
se decidió a ir a buscar a su madre para hablar con el guarda y ese
momento la hizo recordar una frase de José Martí que decía:
“Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la
felicidad.”1 Ella se sintió bastante identificada ya
que no podría hacer su trabajo hasta lograr ayudar a ese hombre.
Mientras iba hacia la oficina de la amiga de su madre pasó por una
terraza con pequeñas mesas que se encontraba bastante llena de
personas. Era evidente la gran oportunidad que se había convertido
este sitio para personas que necesitaban un espacio para expandir su
conocimiento cultural. Se había logrado convertir en un medio
propicio para el aprendizaje y el intercambio de información
relevante para el
progreso académico de los visitantes del lugar.
Cuando llegó a la
pequeña oficina de Luisa, Andrea llamó a su madre desde afuera para
no entrar a estorbar. En un cuarto de unos seis metros cuadrados, se
encontraban apeñuscados 3 escritorios, entre esos el de Luisa, y el
aire que había en la oficina se sentía ya triple-mente respirado.
Al verla, su madre se levantó y con un poco de dificultad llegó a
la puerta. Desde allí, se despidieron las dos de Luisa y ella, desde
su pequeño escritorio les gritó que adiós y que volvieran pronto.
De nuevo en el
ascensor, Andrea y su madre se miraron y no tuvieron que hablar para
entender qué sentían la necesidad de hacer. Al abrirse las puertas
se bajaron y se dirigieron hacia la entrada a buscar al individuo. Lo
encontraron recostado sobre la puerta, esperando a que alguien
entrara para ponerle problema. Al verlas, se enderezó y abrió su
boca como para empezar a decir algo pero en ese momento la madre de
Andrea lo saludó y le preguntó, de una forma bastante amable, que
si necesitaba ayuda en algo. Por un momento, el señor se hizo el
fuerte y no respondió pero al ver las miradas inocentes de las dos
mujeres, relajó sus hombros como rindiéndose ante su pregunta y
dijo: -Qué pena mis señoras si fui grosero antes, lo que pasa es
que tengo un problema personal. La mujer mayor lo miró y le
preguntó: – ¿Algo en lo que lo podamos ayudar?. -No pierde nada
diciéndonos, de pronto hay algo que podamos hacer- dijo la joven.
-Lo que pasa es que no tengo nada para llevar a mi casa a mis niños
hoy- respondió él. Ambas, asombradas de su honestidad y de lo fácil
que se había abierto a ellas, recordaron que habían redimido hace
poco un bono con puntos éxito para darle de regalo a un familiar.
Sabían también que aquel hombre, que en su camisa decía Alberto,
lo necesitaba mucho más así que se lo entregaron. Quizás algunas
personas considerarían aquello un acto de ingenuidad pero con solo
ver la mirada de aquel vigilante esa opinión no valía la pena. Y
como dice el dicho “Lo que cuenta es la intención.”
El olvidado derecho a soñar
“En
1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron
extensas
listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad
no tiene más
que
el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer
el jamás proclamado
derecho
de soñar?”
Eduardo Galeano, El derecho
al delirio1.
El
escritor Uruguayo Galeano, dentro de la hermosa composición que lee
en el video llamado Utopía por Eduardo Galeano,
publicado en la página de Youtube en el canal cadireta
el 10 de junio del 2011, habla de su mundo soñado como una utopía.
Menciona autos estripados por perros, la muerte y el dinero sin
ningún tipo de poder y la honestidad de los políticos. Habla de
muchas otras situaciones críticas que se presentan en el mundo
actual, y al escucharlo pensaría uno que tal vez él cree en la
posibilidad de ese mundo. Lastimosamente, lo llama El derecho al
delirio, mentalizado ya por la
sociedad, la cual lo hace suponer que el soñar por un mundo mejor es
ya delirar.
La
sociedad actual está tan esquematizada que ahora el soñar y el
imaginar es visto como una ridiculez. Y es más ridículo aún llegar
a creer que esas imaginaciones o esos sueños pueden llegar a ser
posibles. Creemos que solo se logra la felicidad a través de lo
material y metidos dentro del frenesí diario en el que vivimos no
nos encargamos de disfrutar realmente nuestra vida, como dice
Galeano, vivir cada noche como si fueran la última y cada día como
si fuera el primero. Desde pequeños nos lanzan a un río de aguas
caudalosas donde todos tenemos que dejarnos llevar por la corriente,
desde niños destinados a un futuro definido. Aquellos que se
intentan salir de ese río impuesto por la sociedad, aunque no se les
es fácil, son los que realmente triunfan.
Cuando
el autor Galeano dice en el video “la gente trabajará para vivir,
en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos
penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por
tener
o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro
sin saber que canta y
como
juega el niño sin saber que juega” él está resaltando el vivir
con la inocencia y valorarla. Ahora, cuando todos somos tan
conscientes de todo lo negativo y nos concentramos solo en aquello
para intentar triunfar, solo fracasamos. Hay que vivir por vivir y
dejarnos llevar por esos pequeños placeres que hay en la vida.
Hoy
en día no debemos perder la fe en soñar, nos debemos, al contrario,
aferrar a los sueños y a nuestra imaginación para poder sobresalir
en nuestro entorno y diferenciarnos de aquellas personas que
lastimosamente se dejaron llevar por la corriente sin siquiera pelear
contra ella. Tal vez en algún momento de la historia el estar dentro
del río estuvo bien y eso aseguraba un futuro y además el éxito.
Pero ahora lo que asegura éxito es tener la información que nos
hace distintos a otros. Y esa información la conseguimos a través
de los sueños.
Eduardo
Galeano en el video Utopía por Eduardo Galeano dice: “nadie
será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en
lugar de hacer lo que más le conviene”. Eso, lo que comúnmente
sería llamado delirio, es la realidad que yo más anhelo. Muchos
seres humanos hoy en día hacen lo que les conviene o lo que más los
dejará en su sitio normal y, fuertemente dicho, mediocre dentro de
su entorno. Cuán diferente sería el mundo si todos tomáramos por
lo menos una decisión arriesgada en la vida. Quizás el resultado de
esa decisión no sea el esperado pero todo en la vida es material
para aprender y ese es el fin de la vida, aprender constantemente.
Si
Galeano dice que soñar es un derecho y la imaginación y los sueños
no tienen límites, ¿por qué diariamente somos limitados? ¿Por qué
quieren que seamos seres cuadriculados que nos movamos y vivamos de
acuerdo con las reglas que han sido establecidas a través de los
años? Es ilógico que los seres humanos seamos restringidos y que de
forma indirecta a través de medios disimulados o en algunas
ocasiones bastante directas seamos programados como robots sin
mentalidad propia.
Cuando
leo frases que menciona Eduardo Galeano en el video publicado el 10
de junio del 2011en la página de Youtube, tal como: “seremos
compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de
justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y
hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las
fronteras del mapa o del tiempo”, realmente me pregunto: ¿cómo,
cuando hay sueños tan hermosos como estos, puede ser el arte de
soñar considerado un chiste? Lo que realmente mueve a las personas
son los sueños, el creer en la posibilidad de un mundo mejor que,
aunque hay veces sea llamado utópico, nos da la fuerza necesaria
para sobrepasar los obstáculos. Como dice Eduardo Galeano en su
poema Utopía2: “¿Para qué sirve la
utopía? Sirve para eso: para caminar.” Cuando hablamos de algo
utópico nos referimos a algo ideal pero irrealizable. Quizás los
sueños para algunos son algo irrealizables pero para estas personas
estos deberían ser su motivo para seguir caminando, para ir hacia
adelante motivados por estos.
Tal
vez en la actualidad las personas no se atreven a soñar porque creen
que siguiendo las reglas establecidas por la sociedad llegarán a la
perfección pero, como dice Galeano, la perfección debería seguir
siendo el aburrido privilegio de los dioses. No hay nada que desear
de esta. Hay veces hasta puede llegar a ser sinónimo de monotonía,
de falta de cambio o dificultades en una situación. ¿Y de dónde
aprenderíamos si no de los errores y los obstáculos? Es mejor que
el estado de la perfección sea considerado inalcanzable, si fuera
alcanzable qué aburrido sería el mundo sin un poco de drama.
En
su libro Patas Arriba: La
Escuela del Mundo al Revés3
el
autor Eduardo Galeano habla de la ironía del mundo en el que vivimos
ahora. Todos estamos de cierta forma en una escuela donde las normas
que nos rigen y los métodos de enseñanza son realmente ridículos.
Salirnos de ese esquema y de esa escuela sin sentido es un derecho
que todos tenemos pero no ejercemos. Existe por naturaleza el derecho
a ser diferentes, el derecho a tener una mentalidad y forma de vivir
propia, existe el derecho a soñar, ¿por qué no lo hacemos
respetar?
El placer en la diversidad
Se dice que en la
variedad está el placer. Si este decir es cierto pues visitar el
centro de Medellín ciertamente es un placer. La variedad de colores,
arquitectura, personas, olores, sonidos y culturas es increíble.
Para mí ese es el verdadero encanto del Centro, su diversidad. Lo es
porque este lugar, además de conservar muchos de los edificios y
lugares principales de la ciudad de hace más de 50 años, alberga
todo tipo de personas en sus calles y esquinas. Aunque para algunos
puede ser impresionante, hay cientos de personas que llaman al Centro
y sus rincones su hogar.
Algunos ciudadanos
de Medellín o hasta unos cuantos turistas pueden ver el Centro
simplemente como un lugar peligroso donde no se puede hacer muy
evidente el estrato económico si es uno alto o ni siquiera sacar los
teléfonos celulares para hacer una llamada. A pesar de que este sí
ha sido caracterizado por sus aspectos negativos, hay una parte del
centro de la ciudad que va mucho más allá de aquella a la que
tantos le temen. Hay veces estamos tan nublados por las palabras que
han sido dichas sobre los lugares que no debemos visitar o temas que
no podemos mencionar que nos cerramos a la posibilidad de conocer un
mundo, aunque tan cerca, tan diferente al que se nos es mostrado
comúnmente. Muchos creen que la palabra “diferente” es un
sinónimo de negativo. Aquellos que tienen esta creencia no ven más
que sus monótonos mundos. El algo ser diferente es, al contrario,
una característica bastante positiva. Nuestro mundo está lleno de
diferentes realidades que deberían ser conocidas por todos.
Esto es lo que
principalmente alberga el Centro: historias. Y cuando lo recorremos
con el propósito de conocerlas aprendemos más de él de lo que
aprendemos de los medios cuando lo mencionan. En la boca de cada
persona siempre hay una historia por contar, solo hace falta hacer la
pregunta correcta para conocerla. Van desde ancianos que vienen de
otros municipios para ser mejor atendidos en sus hogares de ayuda
hasta hombres con delirio de periodistas y borrachos, no solo de
alcohol, sino de recuerdos de sus vidas antes del Centro. Esto fue lo
que nos dedicamos a hacer en el centro cuatro compañeros de la
carrera de Comunicación Social y yo en nuestra visita a este lugar:
escuchar lo que sus habitantes tenían por decir, ya que la mejor
forma de conocer un lugar es escuchando descripciones o relatos de
aquellos que más conocen él.
Definitivamente una
de las historias más impactantes fue la del señor Jesús Alfonso,
el cual había sido desplazado por la violencia de su pueblo natal,
San Luis. Él contaba que cuando llegó a la ciudad por primera vez
la única forma que encontró de ganar plata fue robando. Y
lentamente, al entrar a ese mundo de la ilegalidad, fue dejándose
llevar también por la droga. Nos relataba también su deterioro
lento como consecuencia de su estilo de vida. “Pero después llegó
este man y me sacó de eso”, llegó a decir una vez mientras miraba
a su compañero, don Antonio, quien había estado concentrado en
afinar su guitarra mientras su amigo narraba la historia. Este, al
ser mencionado, sonrió levemente como si se sintiera orgulloso de
lograr salvar a su camarada de la perdición a causa de la
drogadicción. Nos contó Jesús que Antonio Montoya, al verlo en un
estado deplorable, le dijo que se uniera a él en su proyecto
musical. El señor Montoya se dedicaba en ese momento a tocar
guitarra y cantar en los buses y cuando conoció a Jesús le dijo que
fueran compañeros. Desde ese momento hasta ahora, 7 años después,
aún tocan juntos por las calles del Centro y ocasionalmente en los
buses. El ver el poder que tiene la música y evidenciar la indudable
compasión y solidaridad que tienen aún algunas de las personas de
nuestro país fue lo que más me conmovió.
Por situaciones y
personas así es que vale la pena arriesgarse a salir de la burbuja
en la que muchos de nosotros crecimos y aún vivimos. Hay mucho por
descubrir, mucho por entender, mucho por conocer. Debemos correr el
riesgo de abrirnos a nuevos mundos y de apreciarlos a ellos y su
diversidad. Solo así lograremos llegar a ser seres humano íntegros,
no solo por lo que aprenderemos sino por las muchas oportunidades que
tendremos de crecer como profesionales y como personas al hacerlo.
Hugo
El 23 de noviembre
de 2011 se estrenó en las salas de cine Estadounidenses la película
Hugo del director Martin Scorsese, también director del
reconocido filme Taxi Driver. La cinta, también llamada La
invención de Hugo, tiene una duración de 128 minutos. Fue
nominada a once óscares y ganó cinco. Muchos críticos se han
puesto de acuerdo en decir que resulta «magnífica, conmovedora y
visualmente esplendorosa» y que es «la primera obra maestra del
cine en 3D».
Hugo cuenta
la historia de un pequeño huérfano llamado Hugo Cabret que vive en
una estación de tren de París en la década de los 30. El niño,
quien ha vivido desamparado desde que murió su padre, se hace amigo
de una joven amante de los libros que día a día acompaña a su
padrino a la estación. El padrino de la niña, quien más tarde se
sabe que se llama Georges Méliès, tiene dentro de este lugar una
juguetería de la cual el niño en ocasiones roba partes para
completar uno de los artilugios que dejó su padre antes de morir, un
autómata. Un día el hombre descubre a Hugo robando y le quita la
libreta en la cual su padre había escrito los datos necesarios para
reparar el autómata. Georges, al ver a Hugo desesperado por
recuperar su libreta, le dice que debe trabajar en su juguetearía el
tiempo que él considere necesario. Mientras el pequeño está allí
se hace aún más amigo de la niña lectora y empiezan a pasar más
tiempo juntos. Unidos hacen una serie de descubrimientos que los
llevan a los comienzos del cine y allí se dan cuenta de que uno de
los grandes cineastas de los tiempos de sus padres es nada más y
nada menos que el padrino de Isabelle, la joven lectora. Gracias a su
hallazgo, los pequeños intentan organizar un plan para que Méliès
se dé cuenta de lo importante que fue en la historia del cine y
después de su plan logran que el hombre reconozca sus obras y acepte
un homenaje que le deciden preparar.
Esta película para
todos los amantes del cine, como lo soy yo, es en realidad
conmovedora e inspiradora. Nos hacer recordar el porqué de nuestra
pasión por ese magnífico arte y nos explica un poco sus
antepasados. Aunque lo encantador de este filme es en realidad lo
bien realizada que está en cuanto a historia y a imagen. Pues, tal
como nos llega a los amantes del cine, le llega también a un niño
que antes no tenía idea de quién era Méliès y lo divierte de
distinta forma pero de igual cantidad. Aquí Scorsese demuestra su
amor por el séptimo arte de una forma hermosa e inocente y tiene la
capacidad de despertar ese amor en cada uno de los observadores. La
mejor forma de describir esta película es “simplemente
espléndida”.
sábado, 17 de marzo de 2012
Recuerdos de esperanza
"Quizás los recuerdos son lo único que me mantienen viva", pensé. "Tantos años de experiencias, tantas horas de estudio, para estar ahora encerrada en un lugar donde piensan que estoy loca". Y tal vez era cierto, esos recuerdos que antes sólo me hacían sonreír, hoy son la única razón por la cual quiero seguir viviendo, quiero preservarlos, no quiero que se vayan, quiero mantenerlos vivos así sea en mi memoria de anciana. El recuerdo que más me mantiene aquí, conservando la esperanza en la humanidad y en aquellos que alguna vez me quisieron, es el de Sarita.
Era una cálida mañana del año 2010, para la mayoría de los seres humanos esa mañana la recuerdan, si es que lo hacen, como otro domingo más en sus monótonas vidas. Para mí, en cambio, fue el día en el que me di cuenta de que la persona a la cual más admiré y por siempre admiraré es a mi nieta. Ese día tampoco fue común para ella pues era su cita en la peluquería y no como cualquiera, sino para cortar sus preciados 30 centímetros de pelo para regalárselo a un niño que, en sus palabras, "lo hará más feliz de lo que me hace a mí", niños víctimas del cáncer.
Es este el recuerdo más hermoso que tengo, no sólo por el hecho de que una niña de quince años tuviese ese tipo de conciencia sino por lo que pasó luego. Para entender el recuerdo y su verdadero significado hay que ponerlo en contexto. Aproximadamente unas dos semanas antes de la cita, Sara había sido diagnosticada con cáncer de cerebro. El tumor estaba situado en un punto del cerebro donde extirparlo no era una posibilidad así que la única opción que tuvimos fue esperar. Pero ella, con su humildad y su ser transparente, decidió pedir la cita para su corte de pelo el mismo día que fue diagnosticada.
El recuerdo, al ser contado, puede aparentemente verse como triste, puede parecer que al traerlo a mi memoria podría despertar en mí tristeza y nostalgia y tal vez lo hace un poco pero, más que eso, me llena de felicidad y de esperanza. Ese recuerdo me marcó y mi hizo querer ser alguien más grande, alguien que compartía, alguien que quería lograr un cambio en el mundo a pesar del tiempo que me quedara en él. Ella es, desde eso, mi modelo a seguir y el día de su entierro, unos pocos meses después del diagnóstico, vimos el resultado de su humildad: la niña que había recibido la peluca hizo presencia y nos agradeció a todos por su pelo, su pelo rubio y largo, su luz en medio de la oscuridad de su enfermedad.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Renacimiento en la lluvia
Muchos dicen que aquellos gigantes que a veces cruzan nuestras aldeas tienen los mismos ideales que nosotros; pasan su vida intentando ser buenos para poder llegar a un lugar más alto, lo que ellos llaman “Cielo”. Pero dicen también que su vida tiene mayor duración que la nuestra y que su recorrido por el mundo, desde su nacimiento hasta su fin, es también más largo. Es extraño intentar imaginarse en el lugar de otro ser, alguien tan diferente de nosotros que cree que nosotros somos seres sin vida alguna. A lo mejor algún día uno de esos gigantes se pregunte por nuestro recorrido y nuestra importancia en el mundo. Quizás ese gigante se lo pregunte, investigue y tal vez, tras muchos años de buscarlo, encontrará esto, la historia de nuestro recorrido en el mundo; y así tendrá un poco de cuidado cuando cruce su camino con uno de nosotros: nos cuidará, nos valorará... tal vez.
Si tú que lees esto eres otro de nosotros, mejor para aquí; probablemente has escuchado esta historia a lo largo de tu vida, seguramente te la ha contado alguno de tus mayores como un cuento para antes de ir a dormir. Si quien lee es, en cambio, otro tipo de ser, un ser gigante o, como los llaman algunos, ser humano, siga por favor, conozca este relato, mi especie necesita su ayuda, usted puede hacer un gran cambio en nuestra historia y quizás no lo sepa. Bienvenido entonces, querido humano, al mundo del agua. Mi nombre es Liwus y soy, una gota de agua. Como de pronto no entienda nuestro mundo, le haré un pequeño recorrido que necesito que lea y entienda.
Aquel planeta en el que ambos vivimos, que compartimos, nosotros lo llamamos Terra. Allí, junto a nosotros, viven quienes consideramos nuestros dioses: Atlantis, Pacifis, Artis, Antartis e Indis.
Nosotras, las gotas, como ustedes, tenemos cada una un tipo de misión de la cual nos enteramos sólo cuando la cumplimos. Algunos, entonces, tienen la gran suerte de caer entre los dioses y ser parte de ellos. Otros, en cambio, tienen un destino menos afortunado pero, claro, siempre destinado a lograr algún tipo de bien mayor en nuestro planeta. Algunas de esos cargos podrían incluir darle de beber a ustedes o a nuestros compañeros, los filios, o como ustedes los llaman, “animales”. También estamos para alimentar las plantas, para darle un respiro a Terra y sus habitantes, y para generar energía para ustedes. Esas son algunas cuantas cosas de las que hacemos, pues si se las dijera todas probablemente usted se cansaría.
Como mencioné al principio, tenemos el deseo de ir a un lugar superior donde están aquellas que nos dan la posibilidad de renacer, de reencarnarnos, las Nufes. Si cumplimos nuestra misión y logramos hacer por lo menos un cambio mínimo en Terra o en alguno de los seres que la habitan, seremos transformados por el Resplandeciente a un estado de materia diferente y nos volveremos livianas, nos alzaremos entre todas las especies y llegaremos a las deseables Nufes. Ellas nos dan otra oportunidad de volver a la tierra, siendo ya gotas nuevas, renaciendo de la materia de unas gotas viejas que cumplieron su misión en Terra. Esto, querido humano, es lo que ustedes llaman "lluvia". Esa lluvia somos nosotras teniendo la oportunidad de volver a ayudar, de volver a vivir, cayendo y siendo llevadas por el viento a cada uno de nuestros destinos para poder así lograr el cambio. También, cuando ven ustedes eso que llaman “arco iris” es en realidad un honor especial que le hace el Resplandeciente a aquellas gotas que han logrado cumplir los encargos más difíciles.
Lastimosamente, hoy en día nuestra especie está sufriendo un gran cambio. Gracias a su forma de malgastarnos y de no cuidarnos, se nos está haciendo cada vez más difícil lograr nuestra misión, ya hay cada vez más gotas sucias, inservibles. Se lo pido, entonces, por Terra, por todas las especies con las que compartimos este mundo: cuídenos, valórenos, no nos use incorrectamente. Si lo hace, le doy mi palabra, nosotros le devolveremos el favor y seguiremos aportando y dando nuestra gota literal para el bienestar de nuestro planeta. Y la próxima vez que esté bajó la lluvia, siéntase honrado de estar presenciado el acto de nuestro renacimiento y de la inmensa oportunidad que se nos está volviendo a dar para ayudar.
Recuerdos efímeros
Los pasos de los nuevos estudiantes resonaban en los pisos de la universidad. Algunos pasos confiados, un tanto arrogantes, llenos de ánimos para empezar un nuevo capítulo. Algunos otros dudosos, un cuanto inseguros de su decisión. Ella encajaba más en la categoría de los pasos confiados, sin necesidad de ser arrogante. Estaba llena de esperanza de tener un buen comienzo, de como le decía su abuela, “empezar con el pie derecho” aquella nueva experiencia, de intentar disfrutar al máximo esa oportunidad que le había dado la vida, de contar con una educación superior de tan alta calidad. El camino que debía recorrer desde la entrada de la universidad hasta el salón de clases en el que debía estar a las 8:00 de la mañana era largo y mientras veía pasar rostros tan distintos, con historias para contar todas tan diferentes, recordó la suya, tal como se la había contado muchas veces su madre mientras se intentaba dormir cuando era pequeña.
Para el resto del mundo, el 30 de agosto de 1993 fue tal vez un día común, pero en la Clínica del Parto, en la ciudad de Medellín, Colombia, para una pareja de padres “primerizos” no lo era. A las 7:45 de la noche escucharon el primer llanto de su niña, no indicando tristeza o hambre, como tal vez lo haría más adelante, sino indicando el comienzo de su nueva vida en el mundo y un nuevo capítulo dentro de la historia del matrimonio de sus padres. A la niña la decidieron llamar Andrea, nombre completo, Andrea Trefftz Restrepo. Su primer año lo pasó en su casa con su mamá, Gloria, aprendiendo a caminar y a decir sus primeras palabras y al cumplir los dos años entró al preescolar Carrizales. Ese lugar, a pesar de haber sido parte de su vida por tan sólo dos años, la marcó positivamente, aunque un poco después de cumplir cuatro años Andrea tuvo un momento donde la vida y la muerte se cruzaron, pues en septiembre su abuela materna murió de cáncer y en diciembre nació su primer hermano, David.
Luego del tiempo que estuvo en Carrizales, su papá, Helmuth, recibió una oferta de irse a hacer su doctorado a Estados Unidos por 4 años. Él aceptó y Andrea, al llegar al desconocido país, a pesar de su falta de conocimiento del idioma, logró adaptarse en cuestión de semanas. De los mejores recuerdos de su infancia los vivió allí al lado de sus amigos norteamericanos y en Colombia al lado de sus primos y demás familiares con los que compartía los diciembres en los que volvía a su país nativo a visitar. Tras cuatro años de estudio de su padre, el nacimiento de su segundo hermano, Nicolás, y una triste noticia del cáncer de su abuelo materno, sus padres tomaron la decisión de volver a su país de origen. El tiempo en Estados Unidos se pasó más rápido de lo que ella quisiera, pero el regresar a Colombia no fue en realidad una idea que le disgustó.
Al volver del país extranjero Andrea entró al colegio Gimnasio los Pinares donde también estudiaban sus tres primas. Después de unos años en el colegio Pinares su madre dejó de contarle su historia para poderse dormir, pero a pesar de eso, los recuerdos de lo que había vivido en sus años anteriores seguían fluyendo mientras se aproximaba cada vez más al salón. Inicialmente, la experiencia en el colegio fue positiva pero a medida que pasaron los años se fue volviendo negativa, viéndose afectada también por la muerte de su abuelo materno y en séptimo grado, finalmente, Andrea decidió irse para el lugar al cual se habían pasado dos de sus primas el año anterior. El nuevo sitio se llamaba el Colegio Canadiense, a diferencia del otro era mixto y no era mixto refiriéndose sólo a la mezcla de géneros sino también a la variedad de clases sociales entre los estudiantes. A pesar de ser una experiencia nueva para Andrea, la hizo madurar y, junto con lo que vivió en el viaje de intercambio a Canadá que realizó en el grado octavo, la hizo crecer también como estudiante y como persona.
Dicen que todo lo bueno, eventualmente, tiene su fin y ese fue el caso del estudio de Andrea en el Canadiense pues, por motivos de transporte y de ubicación tuvo que dejar este lugar y a sus compañeros, en esta ocasión, con una gran tristeza. El último lugar de estudio en recibirla se llamó Horizontes, un colegio campestre donde todo quien lo conformaba era en gran parte razón de la constante sonrisa de Andrea durante su estadía en este, pero un año después, finalmente, luego de más de quince años de estudio, aquella estudiante tímida pero llena de ganas de salir adelante, de dejar su huella en el mundo y en las personas, de aprender de todo lo que la rodeaba, aquella que hace dieciséis años había iniciado su vida escolar en un pequeño preescolar en Medellín, ella, se graduaba. Por fin cerraba la etapa de la vida escolar, dejando atrás toda una recolección de experiencias y recuerdos que, aunque ocasionalmente dolorosas, la habían hecho ser quien era ahora.
A las 8:00 de la mañana, Andrea llegó a su salón destinado, sonriendo, recordando el cierre de esa gran etapa escolar cuando tiró el birrete hacia arriba con sus compañeros de apenas hace un año. Todavía con aquella sonrisa se sentó en una silla de la fila de atrás del salón mientras el “buenos días,” del profesor Juan Gonzalo la despertó de su trance de recapitulación de vida, dándole así el último adiós a esos recuerdos y la bienvenida a la nueva etapa de experiencias que estaba por vivir: la universidad.
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