sábado, 19 de mayo de 2012

Liliana Montalvo


Espera eterna


Al levantar todos la mirada ven al profesor, con su pelo crespo característico y su buso de lana usual. Les dice a todos que se hagan en parejas y que distancien las sillas, empieza a repartir las hojas que definirán el futuro para muchos y en unos segundos los lapices empiezan a escribir.

La tensión en el aire es más evidente que nunca. Cada estudiante se encuentra sentado es su silla con sus apuntes y su cuaderno afuera, intentando hacer que su cerebro retenga más información de la que puede. Las frentes de algunos jóvenes parecen cataratas de sudor y el sonido que hacen los dientes al chocar con las uñas, se vuelve ensordecedor, comparable con el sonido que hace un taladro. Las baldosas se encuentran frías como una noche de invierno y el ruido que hace cada paso retumba sobre las paredes. Cada vez que entra una nueva persona al salón todas las cabezas se levantan de la piscina de letras que se encuentra en su escritorio y al ver un rostro joven, igual de nervioso, vuelven a bajar la mirada decepcionados pero a la vez aliviados de tener más tiempo para estudiar o de cierta forma embutir información en el último momento. El tablero que hay al frente del grupo de aproximadamente 30 sillas, de las cuales están ocupadas 20, tiene un apunte que dice que la clase del profesor anterior ha sido cancelada. Muchos estudiantes probablemente desearían que ese mensaje fuera dirigido a ellos. Las ventanas que están en el lado izquierdo del salón, las cuales están formadas por la unión de varios rectángulos pequeños de vidrio, sirven como un tipo de barrera contra los estudiantes que están afuera, descansando, sin presiones. De repente, hay un susurro que dice “llegó” y este hace que todos levanten su mirada desesperada para verlo, por fin, a él.


El objeto del lenguaje


Se dice que el objeto del lenguaje es comprender el mundo y contenerlo en el discurso. Queriendo decir esto, tal vez, que el objetivo principal del lenguaje es entender el mundo y todo lo que lo conforma para así expresar aquello a través del discurso, principalmente, oral.
Esta premisa resalta la importancia del lenguaje en la vida del ser humano y resalta también la importancia de la oralidad como medio para expresar todo lo que es la realidad de un ser humano.

Cuando hablamos de expresar lo que es la realidad de una sola persona o, basándonos en esta premisa, la de un mundo entero, el mecanismo que tiene la capacidad de lograrlo, el lenguaje, tiene ciertamente una magnitud inigualable, un poder asombroso, único. Podríamos pensar entonces en el lenguaje como una herramienta para el hombre pero en realidad estaríamos en lo incorrecto pues basándonos en lo escrito por el filósofo alemán Hans Georg Gadamer: “El lenguaje no es un medio ni una herramienta. Porque la herramienta implica esencialmente que dominamos su uso, es decir, la tomamos en la mano y la dejamos una vez que ha ejecutado su servicio.” Esto es exactamente lo que nos pasa con el lenguaje, no lo podemos considerar un simple medio o herramienta para comunicarnos o transmitir ideas pues la herramienta cuando la dejamos de usar, la hacemos a un lado. El lenguaje, en cambio, nunca lo podemos dejar a un lado pues “El conocimiento de nosotros mismos y del mundo implica siempre el lenguaje (…) Aprender a hablar no significa utilizar un instrumento ya existente para clasificar ese mundo familiar y conocido, sino que significa la adquisición de la familiaridad y conocimiento del mundo mismo tal como nos sale al encuentro” dice Gadamer. El mundo está contenido en el lenguaje, sea el tipo de lenguaje que sea.

Para entender mejor el sentido de la premisa se puede descomponer de forma que cada concepto significante dentro de esta pueda ser analizado. Hablar de el objeto de algo es hablar de su razón de ser, del motivo de su existencia, de su objetivo, en este caso, en el mundo. Cuando nos referimos a lenguaje hacemos referencia a “un conjunto de signos, tanto orales como escritos, que a través de su significado y su relación permiten la expresión y la comunicación humana.”1 esta definición, aunque bastante acertada en cuanto a lo teórico, no expresa suficientemente bien la gran importancia de este elemento, lo que dice Martin Heidegger lo expresa mejor “Sólo hay mundo donde hay lenguaje.” esa es la magnitud de su valor. Ahora bien, a comprender se le pueden dar varias interpretaciones pero la que yo considero más acertada es aquella que se da basada en el concepto de enseñanza para la comprensión de Howard Gardner “Comprensión es ser capaz de llevar a cabo una serie de acciones o "desempeños" que demuestran que uno ha captado un tópico y que al mismo tiempo se progresa en el mismo. Es ser capaz de tomar el conocimiento y utilizarlo en formas diferentes.”2 Pero en este caso no estamos hablando de un simple concepto, estamos hablando del mundo, algo mucho más complejo de describir y comprender, y probablemente el hombre nunca lo haga completamente, pero el porcentaje que nuestra especie sí logre comprender podrá ser expresado a través del lenguaje. Este, definido según wikipedia, es “El nombre común que se le da a la civilización humana, específicamente a la experiencia humana, la historia o la condición humana en general, global, por ejemplo en cualquier parte de la Tierra.”3 Luego, se nombra el verbo contenerlo que, al estar hablando del mundo, es un poco complicado de contener que es: incluir una cosa dentro de otra. Pero, con el último término que hace parte de la premisa, se entiende que la dificultad de incluir el mundo dentro de algo más, disminuye. Pasa esto por la proporción de la importancia del discurso. El discurso oral es un acto de habla por el cual un individuo expresa una idea, un pensamiento o una opinión y esta habilidad ha permitido al hombre expresarse usando sus cuerdas vocales. También es interesante analizar los descubrimientos relativamente recientes del manejo que le podemos dar a nuestra voz alterando su tono, volumen y el ritmo que usamos al pronunciar las palabras y lo mucho podemos transmitir gracias a estas alteraciones en ocasiones intencionales.

Llegamos a la conclusión de que es difícil pensar en un tiempo donde nuestra especie no utilizara el lenguaje ya que este siempre ha existido y a ido evolucionando a través de la historia junto con nosotros. Este es ya parte de los seres humanos y nosotros somos parte del lenguaje. Y Gadamer no lo pudo haber dicho mejor: “El lenguaje es así el verdadero centro del ser humano si se contempla en el ámbito que sólo él llena: el ámbito de la convivencia humana, el ámbito del entendimiento, del consenso siempre mayor, que es tan imprescindible para la vida humana como el aire que respiramos.”


Presencia en la ausencia


Cuando Barthes, el autor del libro “La cámara lúcida” veía las fotos de su madre muerta, él decía que estaba “buscando la verdad del rostro que yo había amado.” Basándose en esa frase, se puede encontrar uno con la posibilidad de encontrar en una sola fotografía la esencia de una persona, sin creer que en esa fotografía se encuentra, junto con su esencia, el alma de ese ser, como se creía antes. Analizando esta posibilidad, el deseo de encontrar la esencia de un ser querido que ya ha muerto, florece en mí.

Así que, después de una gran búsqueda, siento que algo me punza, me chuza, me llega realmente, encuentro el punctum, y con él, la foto que tanto quería encontrar. Barthes utiliza un lenguaje técnico que se le puede aplicar a las fotos. Utilizando este lenguaje técnico encuentro en la foto también el spectrum, el personaje principal de la foto que, mirando detrás del sentido de la palabra, sí termina siendo un fantasma. Y, finalmente, encuentro el noesis de la foto. El autor define el noesis como la percepción individual que tiene cada spectator, quien observa la foto, al ver una foto específica. Termina siendo este, la sonrisa transparente de mi tía.

Tantos elementos físicos ponen la foto en un contexto según mis conocimientos sobre ella, su condición en ese momento y mis recuerdos de lo que fue. Y contiene esta foto, el noema exacto de la fotografía en general que menciona Barthes, “Esto ha sido.” Ella, efectivamente, ha sido, y, como decía este autor de la foto de su madre, está condenada a un futuro, está condenada a morir, “Ella ha muerto y ella va a morir.” Barthes dice que el mostrar esa foto de su madre de la cual tanto habla no valdría la pena mostrársela a sus lectores. No tanto porque la foto no está perfectamente compuesta ni es de un fotógrafo reconocido, sino porque esa tiene un significado especial para él sólo por la historia que hay detrás de esa fotografía que sólo él puede ver, el “objeto” de esa foto es mucho más que sólo eso, contiene la esencia de su ser querido a través de unos ojos claro que esta conservó el resto de su existencia. Que no sólo representaban su objeto físico de ojos para ver, sino que representaban su ser y lo que ella fue y, gracias a esa foto, sigue siendo.

A partir de eso, entonces, me doy cuenta de que mi tía sigue siendo, gracias a la fotografía que capturó en ese momento específico, esa sonrisa, aquella sonrisa que conserva su esencia. Tal vez, desde lo que dice Barthes, la persona que ella fue en esa foto murió en el instante que esta fue tomada, pero la esencia que conservó siempre, se evidencia claramente en la foto.

La protagonista de la foto, el spectrum, es mi tía, Natalia Restrepo. Detrás de aquella sonrisa hay bastante dolor oculto, causado por su enfermedad terminal, cáncer. Ese dolor, no necesariamente todo físico, dolor por dejar a su familia, a su esposo sin esposa, a sus cuatro niños sin mamá, por tener que dejar el mundo sin tener la oportunidad de presenciar la graduación de sus hijos, sin conocer a ninguno de sus nietos, por tener que dejar en cada persona, y en el mundo, tan sólo una huella. Su meta, toda su vida, fue ayudar a los demás, el sentido de esta era poder ayudar en algo, así fuera mínimo, a cada persona que conociera. Todo quien tuvo el honor de conocerla la recuerda como un ser humano, sincero, humilde, transparente, siempre dispuesta a ayudar. Y a pesar de su condición, sus últimos meses los dedicó a ayudar a otros, a sembrar su semilla de amor y de compromiso en el mundo.

Su vida y su experiencia, es un ejemplo de vida, fue, y aún es, un ser digno de admirar. Por eso, su foto me “rayó el corazón” y el encontrarme de nuevo con su sonrisa constante, encontré su esencia, la encontré a ella y, en ese momento, fui feliz.

Intención generosa


Al salir, al despedirse del portero, este no las miró de reojo como lo hizo cuando entraron por primera vez al edificio. Esta vez, fue bastante amable y su sonrisa de oreja a oreja demostraba cuán agradecido se encontraba con ellas.

La mañana era fría cuando se bajaron del bus aquel viernes. El ajetreo de la gente era notable en el ambiente. Los pitos de los vehículos y la velocidad de aquellas personas que caminaban por el Centro de la ciudad reflejaban el frenesí constante en el cual viven todos hoy en día. Para llegar a el edificio que les había descrito hace unos minutos el conductor del bus era necesario atravesar la calle. Con la cantidad de carros en ese momento era difícil hacerlo pero después de esperar unos segundos la joven y su madre lograron llegar a su lugar de destino.

El Centro Colombo Americano es uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad ya que allí se mezcla el aprendizaje de las lenguas extranjeras con el arte, la literatura, la gastronomía y el buen cine. La joven tenía como objetivo solo dar un pequeño recorrido por el lugar ya que lastimosamente la programación del festival Eurocine empezaba solo hasta las cuatro de la tarde. Cuando llegaron al edificio la primera impresión que le dio este a la muchacha fue de frialdad. A simple vista parecía un gran bloque de cemento con unos cuantos detalles azules. El nombre del centro se mostraba imponente en un nivel alto pero visible de la obra. Los carteles de las películas que se mostraban le agregaban a este un poco de color y daban la pista a quienes pasaban por ahí de que allí querían darle a las personas un descanso de los afanes de la cotidianidad.

Al entrar al edificio, un guarda alto, delgado, moreno y con aspecto de fatigado las paró preguntándoles de una forma bastante tosca para dónde se dirigían. La madre de la niña dio el nombre de su amiga a quien iban a pasar a saludar y el guardia, aunque un poco reacio a hacerlo, las dejó pasar. -¿Qué crees que le pasó?- le preguntó Andrea a su madre mientras caminaban hacia el ascensor. - Ni idea, pero de pronto ahorita podríamos hablar con él. Quién sabe que le podamos ayudar en algo- respondió ella. -Tienes razón, -dijo Andrea- no perdemos nada preguntándole, ojalá lo podamos ayudar.

Por estar pensando en el guarda la joven no había logrado percibir el ambiente en el que se encontraban. Al bajarse del elevador metálico se sintió de repente rodeada de hambre, hambre de conocimiento, de cultura, de saber. El aspecto gris y oscuro que se percibía desde afuera era contradictorio al entorno que era observado adentro. Las paredes cubiertas de fotos y de dibujos hechos por los estudiantes del centro le daban un toque amable, de bienvenida, exponiendo de cierta forma el color que agregaban sus estudiantes a sus paredes vacías.

Mientras Gloria, su madre, saludaba a su amiga Luisa, Andrea recorría los corredores y los espacios del Colombo intentando observar cada detalle del lugar. Sus ojos veían pasar ante ellos corredores y espacios grises, unas cuantas paredes pálidas, sin arte, que emitían la sensación que emite una nevera al ser abierta en una noche fría. Pero después llegaban personas de distintos aspectos que con sus sonrisas y ganas de aprender devolvían la calidez al lugar. Aunque su sentido de la vista estaba a la expectativa de una situación lo suficiente interesante para poner en su escrito, su mente no dejaba de pensar en el evidente cansancio de aquel hombre que les había abierto la puerta hace unos minutos.

Andrea se decidió a ir a buscar a su madre para hablar con el guarda y ese momento la hizo recordar una frase de José Martí que decía: “Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.”1 Ella se sintió bastante identificada ya que no podría hacer su trabajo hasta lograr ayudar a ese hombre. Mientras iba hacia la oficina de la amiga de su madre pasó por una terraza con pequeñas mesas que se encontraba bastante llena de personas. Era evidente la gran oportunidad que se había convertido este sitio para personas que necesitaban un espacio para expandir su conocimiento cultural. Se había logrado convertir en un medio propicio para el aprendizaje y el intercambio de información
relevante para el progreso académico de los visitantes del lugar.

Cuando llegó a la pequeña oficina de Luisa, Andrea llamó a su madre desde afuera para no entrar a estorbar. En un cuarto de unos seis metros cuadrados, se encontraban apeñuscados 3 escritorios, entre esos el de Luisa, y el aire que había en la oficina se sentía ya triple-mente respirado. Al verla, su madre se levantó y con un poco de dificultad llegó a la puerta. Desde allí, se despidieron las dos de Luisa y ella, desde su pequeño escritorio les gritó que adiós y que volvieran pronto.

De nuevo en el ascensor, Andrea y su madre se miraron y no tuvieron que hablar para entender qué sentían la necesidad de hacer. Al abrirse las puertas se bajaron y se dirigieron hacia la entrada a buscar al individuo. Lo encontraron recostado sobre la puerta, esperando a que alguien entrara para ponerle problema. Al verlas, se enderezó y abrió su boca como para empezar a decir algo pero en ese momento la madre de Andrea lo saludó y le preguntó, de una forma bastante amable, que si necesitaba ayuda en algo. Por un momento, el señor se hizo el fuerte y no respondió pero al ver las miradas inocentes de las dos mujeres, relajó sus hombros como rindiéndose ante su pregunta y dijo: -Qué pena mis señoras si fui grosero antes, lo que pasa es que tengo un problema personal. La mujer mayor lo miró y le preguntó: – ¿Algo en lo que lo podamos ayudar?. -No pierde nada diciéndonos, de pronto hay algo que podamos hacer- dijo la joven. -Lo que pasa es que no tengo nada para llevar a mi casa a mis niños hoy- respondió él. Ambas, asombradas de su honestidad y de lo fácil que se había abierto a ellas, recordaron que habían redimido hace poco un bono con puntos éxito para darle de regalo a un familiar. Sabían también que aquel hombre, que en su camisa decía Alberto, lo necesitaba mucho más así que se lo entregaron. Quizás algunas personas considerarían aquello un acto de ingenuidad pero con solo ver la mirada de aquel vigilante esa opinión no valía la pena. Y como dice el dicho “Lo que cuenta es la intención.”


El olvidado derecho a soñar


En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron
extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más
que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado
derecho de soñar?”
Eduardo Galeano, El derecho al delirio1.


El escritor Uruguayo Galeano, dentro de la hermosa composición que lee en el video llamado Utopía por Eduardo Galeano, publicado en la página de Youtube en el canal cadireta el 10 de junio del 2011, habla de su mundo soñado como una utopía. Menciona autos estripados por perros, la muerte y el dinero sin ningún tipo de poder y la honestidad de los políticos. Habla de muchas otras situaciones críticas que se presentan en el mundo actual, y al escucharlo pensaría uno que tal vez él cree en la posibilidad de ese mundo. Lastimosamente, lo llama El derecho al delirio, mentalizado ya por la sociedad, la cual lo hace suponer que el soñar por un mundo mejor es ya delirar.

La sociedad actual está tan esquematizada que ahora el soñar y el imaginar es visto como una ridiculez. Y es más ridículo aún llegar a creer que esas imaginaciones o esos sueños pueden llegar a ser posibles. Creemos que solo se logra la felicidad a través de lo material y metidos dentro del frenesí diario en el que vivimos no nos encargamos de disfrutar realmente nuestra vida, como dice Galeano, vivir cada noche como si fueran la última y cada día como si fuera el primero. Desde pequeños nos lanzan a un río de aguas caudalosas donde todos tenemos que dejarnos llevar por la corriente, desde niños destinados a un futuro definido. Aquellos que se intentan salir de ese río impuesto por la sociedad, aunque no se les es fácil, son los que realmente triunfan.

Cuando el autor Galeano dice en el video “la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por
tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y
como juega el niño sin saber que juega” él está resaltando el vivir con la inocencia y valorarla. Ahora, cuando todos somos tan conscientes de todo lo negativo y nos concentramos solo en aquello para intentar triunfar, solo fracasamos. Hay que vivir por vivir y dejarnos llevar por esos pequeños placeres que hay en la vida.

Hoy en día no debemos perder la fe en soñar, nos debemos, al contrario, aferrar a los sueños y a nuestra imaginación para poder sobresalir en nuestro entorno y diferenciarnos de aquellas personas que lastimosamente se dejaron llevar por la corriente sin siquiera pelear contra ella. Tal vez en algún momento de la historia el estar dentro del río estuvo bien y eso aseguraba un futuro y además el éxito. Pero ahora lo que asegura éxito es tener la información que nos hace distintos a otros. Y esa información la conseguimos a través de los sueños.

Eduardo Galeano en el video Utopía por Eduardo Galeano dice: “nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene”. Eso, lo que comúnmente sería llamado delirio, es la realidad que yo más anhelo. Muchos seres humanos hoy en día hacen lo que les conviene o lo que más los dejará en su sitio normal y, fuertemente dicho, mediocre dentro de su entorno. Cuán diferente sería el mundo si todos tomáramos por lo menos una decisión arriesgada en la vida. Quizás el resultado de esa decisión no sea el esperado pero todo en la vida es material para aprender y ese es el fin de la vida, aprender constantemente.

Si Galeano dice que soñar es un derecho y la imaginación y los sueños no tienen límites, ¿por qué diariamente somos limitados? ¿Por qué quieren que seamos seres cuadriculados que nos movamos y vivamos de acuerdo con las reglas que han sido establecidas a través de los años? Es ilógico que los seres humanos seamos restringidos y que de forma indirecta a través de medios disimulados o en algunas ocasiones bastante directas seamos programados como robots sin mentalidad propia.

Cuando leo frases que menciona Eduardo Galeano en el video publicado el 10 de junio del 2011en la página de Youtube, tal como: “seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo”, realmente me pregunto: ¿cómo, cuando hay sueños tan hermosos como estos, puede ser el arte de soñar considerado un chiste? Lo que realmente mueve a las personas son los sueños, el creer en la posibilidad de un mundo mejor que, aunque hay veces sea llamado utópico, nos da la fuerza necesaria para sobrepasar los obstáculos. Como dice Eduardo Galeano en su poema Utopía2: “¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar.” Cuando hablamos de algo utópico nos referimos a algo ideal pero irrealizable. Quizás los sueños para algunos son algo irrealizables pero para estas personas estos deberían ser su motivo para seguir caminando, para ir hacia adelante motivados por estos.

Tal vez en la actualidad las personas no se atreven a soñar porque creen que siguiendo las reglas establecidas por la sociedad llegarán a la perfección pero, como dice Galeano, la perfección debería seguir siendo el aburrido privilegio de los dioses. No hay nada que desear de esta. Hay veces hasta puede llegar a ser sinónimo de monotonía, de falta de cambio o dificultades en una situación. ¿Y de dónde aprenderíamos si no de los errores y los obstáculos? Es mejor que el estado de la perfección sea considerado inalcanzable, si fuera alcanzable qué aburrido sería el mundo sin un poco de drama.

En su libro Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés3 el autor Eduardo Galeano habla de la ironía del mundo en el que vivimos ahora. Todos estamos de cierta forma en una escuela donde las normas que nos rigen y los métodos de enseñanza son realmente ridículos. Salirnos de ese esquema y de esa escuela sin sentido es un derecho que todos tenemos pero no ejercemos. Existe por naturaleza el derecho a ser diferentes, el derecho a tener una mentalidad y forma de vivir propia, existe el derecho a soñar, ¿por qué no lo hacemos respetar?

El placer en la diversidad


Se dice que en la variedad está el placer. Si este decir es cierto pues visitar el centro de Medellín ciertamente es un placer. La variedad de colores, arquitectura, personas, olores, sonidos y culturas es increíble. Para mí ese es el verdadero encanto del Centro, su diversidad. Lo es porque este lugar, además de conservar muchos de los edificios y lugares principales de la ciudad de hace más de 50 años, alberga todo tipo de personas en sus calles y esquinas. Aunque para algunos puede ser impresionante, hay cientos de personas que llaman al Centro y sus rincones su hogar.

Algunos ciudadanos de Medellín o hasta unos cuantos turistas pueden ver el Centro simplemente como un lugar peligroso donde no se puede hacer muy evidente el estrato económico si es uno alto o ni siquiera sacar los teléfonos celulares para hacer una llamada. A pesar de que este sí ha sido caracterizado por sus aspectos negativos, hay una parte del centro de la ciudad que va mucho más allá de aquella a la que tantos le temen. Hay veces estamos tan nublados por las palabras que han sido dichas sobre los lugares que no debemos visitar o temas que no podemos mencionar que nos cerramos a la posibilidad de conocer un mundo, aunque tan cerca, tan diferente al que se nos es mostrado comúnmente. Muchos creen que la palabra “diferente” es un sinónimo de negativo. Aquellos que tienen esta creencia no ven más que sus monótonos mundos. El algo ser diferente es, al contrario, una característica bastante positiva. Nuestro mundo está lleno de diferentes realidades que deberían ser conocidas por todos.

Esto es lo que principalmente alberga el Centro: historias. Y cuando lo recorremos con el propósito de conocerlas aprendemos más de él de lo que aprendemos de los medios cuando lo mencionan. En la boca de cada persona siempre hay una historia por contar, solo hace falta hacer la pregunta correcta para conocerla. Van desde ancianos que vienen de otros municipios para ser mejor atendidos en sus hogares de ayuda hasta hombres con delirio de periodistas y borrachos, no solo de alcohol, sino de recuerdos de sus vidas antes del Centro. Esto fue lo que nos dedicamos a hacer en el centro cuatro compañeros de la carrera de Comunicación Social y yo en nuestra visita a este lugar: escuchar lo que sus habitantes tenían por decir, ya que la mejor forma de conocer un lugar es escuchando descripciones o relatos de aquellos que más conocen él.

Definitivamente una de las historias más impactantes fue la del señor Jesús Alfonso, el cual había sido desplazado por la violencia de su pueblo natal, San Luis. Él contaba que cuando llegó a la ciudad por primera vez la única forma que encontró de ganar plata fue robando. Y lentamente, al entrar a ese mundo de la ilegalidad, fue dejándose llevar también por la droga. Nos relataba también su deterioro lento como consecuencia de su estilo de vida. “Pero después llegó este man y me sacó de eso”, llegó a decir una vez mientras miraba a su compañero, don Antonio, quien había estado concentrado en afinar su guitarra mientras su amigo narraba la historia. Este, al ser mencionado, sonrió levemente como si se sintiera orgulloso de lograr salvar a su camarada de la perdición a causa de la drogadicción. Nos contó Jesús que Antonio Montoya, al verlo en un estado deplorable, le dijo que se uniera a él en su proyecto musical. El señor Montoya se dedicaba en ese momento a tocar guitarra y cantar en los buses y cuando conoció a Jesús le dijo que fueran compañeros. Desde ese momento hasta ahora, 7 años después, aún tocan juntos por las calles del Centro y ocasionalmente en los buses. El ver el poder que tiene la música y evidenciar la indudable compasión y solidaridad que tienen aún algunas de las personas de nuestro país fue lo que más me conmovió.

Por situaciones y personas así es que vale la pena arriesgarse a salir de la burbuja en la que muchos de nosotros crecimos y aún vivimos. Hay mucho por descubrir, mucho por entender, mucho por conocer. Debemos correr el riesgo de abrirnos a nuevos mundos y de apreciarlos a ellos y su diversidad. Solo así lograremos llegar a ser seres humano íntegros, no solo por lo que aprenderemos sino por las muchas oportunidades que tendremos de crecer como profesionales y como personas al hacerlo.


Hugo


El 23 de noviembre de 2011 se estrenó en las salas de cine Estadounidenses la película Hugo del director Martin Scorsese, también director del reconocido filme Taxi Driver. La cinta, también llamada La invención de Hugo, tiene una duración de 128 minutos. Fue nominada a once óscares y ganó cinco. Muchos críticos se han puesto de acuerdo en decir que resulta «magnífica, conmovedora y visualmente esplendorosa» y que es «la primera obra maestra del cine en 3D».

Hugo cuenta la historia de un pequeño huérfano llamado Hugo Cabret que vive en una estación de tren de París en la década de los 30. El niño, quien ha vivido desamparado desde que murió su padre, se hace amigo de una joven amante de los libros que día a día acompaña a su padrino a la estación. El padrino de la niña, quien más tarde se sabe que se llama Georges Méliès, tiene dentro de este lugar una juguetería de la cual el niño en ocasiones roba partes para completar uno de los artilugios que dejó su padre antes de morir, un autómata. Un día el hombre descubre a Hugo robando y le quita la libreta en la cual su padre había escrito los datos necesarios para reparar el autómata. Georges, al ver a Hugo desesperado por recuperar su libreta, le dice que debe trabajar en su juguetearía el tiempo que él considere necesario. Mientras el pequeño está allí se hace aún más amigo de la niña lectora y empiezan a pasar más tiempo juntos. Unidos hacen una serie de descubrimientos que los llevan a los comienzos del cine y allí se dan cuenta de que uno de los grandes cineastas de los tiempos de sus padres es nada más y nada menos que el padrino de Isabelle, la joven lectora. Gracias a su hallazgo, los pequeños intentan organizar un plan para que Méliès se dé cuenta de lo importante que fue en la historia del cine y después de su plan logran que el hombre reconozca sus obras y acepte un homenaje que le deciden preparar.

Esta película para todos los amantes del cine, como lo soy yo, es en realidad conmovedora e inspiradora. Nos hacer recordar el porqué de nuestra pasión por ese magnífico arte y nos explica un poco sus antepasados. Aunque lo encantador de este filme es en realidad lo bien realizada que está en cuanto a historia y a imagen. Pues, tal como nos llega a los amantes del cine, le llega también a un niño que antes no tenía idea de quién era Méliès y lo divierte de distinta forma pero de igual cantidad. Aquí Scorsese demuestra su amor por el séptimo arte de una forma hermosa e inocente y tiene la capacidad de despertar ese amor en cada uno de los observadores. La mejor forma de describir esta película es “simplemente espléndida”.