sábado, 19 de mayo de 2012

Presencia en la ausencia


Cuando Barthes, el autor del libro “La cámara lúcida” veía las fotos de su madre muerta, él decía que estaba “buscando la verdad del rostro que yo había amado.” Basándose en esa frase, se puede encontrar uno con la posibilidad de encontrar en una sola fotografía la esencia de una persona, sin creer que en esa fotografía se encuentra, junto con su esencia, el alma de ese ser, como se creía antes. Analizando esta posibilidad, el deseo de encontrar la esencia de un ser querido que ya ha muerto, florece en mí.

Así que, después de una gran búsqueda, siento que algo me punza, me chuza, me llega realmente, encuentro el punctum, y con él, la foto que tanto quería encontrar. Barthes utiliza un lenguaje técnico que se le puede aplicar a las fotos. Utilizando este lenguaje técnico encuentro en la foto también el spectrum, el personaje principal de la foto que, mirando detrás del sentido de la palabra, sí termina siendo un fantasma. Y, finalmente, encuentro el noesis de la foto. El autor define el noesis como la percepción individual que tiene cada spectator, quien observa la foto, al ver una foto específica. Termina siendo este, la sonrisa transparente de mi tía.

Tantos elementos físicos ponen la foto en un contexto según mis conocimientos sobre ella, su condición en ese momento y mis recuerdos de lo que fue. Y contiene esta foto, el noema exacto de la fotografía en general que menciona Barthes, “Esto ha sido.” Ella, efectivamente, ha sido, y, como decía este autor de la foto de su madre, está condenada a un futuro, está condenada a morir, “Ella ha muerto y ella va a morir.” Barthes dice que el mostrar esa foto de su madre de la cual tanto habla no valdría la pena mostrársela a sus lectores. No tanto porque la foto no está perfectamente compuesta ni es de un fotógrafo reconocido, sino porque esa tiene un significado especial para él sólo por la historia que hay detrás de esa fotografía que sólo él puede ver, el “objeto” de esa foto es mucho más que sólo eso, contiene la esencia de su ser querido a través de unos ojos claro que esta conservó el resto de su existencia. Que no sólo representaban su objeto físico de ojos para ver, sino que representaban su ser y lo que ella fue y, gracias a esa foto, sigue siendo.

A partir de eso, entonces, me doy cuenta de que mi tía sigue siendo, gracias a la fotografía que capturó en ese momento específico, esa sonrisa, aquella sonrisa que conserva su esencia. Tal vez, desde lo que dice Barthes, la persona que ella fue en esa foto murió en el instante que esta fue tomada, pero la esencia que conservó siempre, se evidencia claramente en la foto.

La protagonista de la foto, el spectrum, es mi tía, Natalia Restrepo. Detrás de aquella sonrisa hay bastante dolor oculto, causado por su enfermedad terminal, cáncer. Ese dolor, no necesariamente todo físico, dolor por dejar a su familia, a su esposo sin esposa, a sus cuatro niños sin mamá, por tener que dejar el mundo sin tener la oportunidad de presenciar la graduación de sus hijos, sin conocer a ninguno de sus nietos, por tener que dejar en cada persona, y en el mundo, tan sólo una huella. Su meta, toda su vida, fue ayudar a los demás, el sentido de esta era poder ayudar en algo, así fuera mínimo, a cada persona que conociera. Todo quien tuvo el honor de conocerla la recuerda como un ser humano, sincero, humilde, transparente, siempre dispuesta a ayudar. Y a pesar de su condición, sus últimos meses los dedicó a ayudar a otros, a sembrar su semilla de amor y de compromiso en el mundo.

Su vida y su experiencia, es un ejemplo de vida, fue, y aún es, un ser digno de admirar. Por eso, su foto me “rayó el corazón” y el encontrarme de nuevo con su sonrisa constante, encontré su esencia, la encontré a ella y, en ese momento, fui feliz.

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